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Gabriel: del exit de Pluxer a la mudanza a Yiwu

Por qué después de un exit en Barcelona, la decisión correcta fue mudarse a China.

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Diciembre de 2023. Una cafetería en Gracia, Barcelona. Llovía, como tiene que llover en una escena así. Acabábamos de cerrar el exit de Pluxer la semana anterior y yo todavía no había procesado lo que significaba. Tenía el laptop abierto en una hoja con tres opciones escritas en mayúsculas: OTRA STARTUP, SUMARME A UNA EMPRESA, LEVANTAR UN FONDO. Las miré durante una hora. Ninguna se sentía correcta. Cerré la laptop y caminé hasta el piso pensando en la cara de mi hermana Paola la última vez que la había visto, en Yiwu, dos años antes. Esa misma noche le mandé un mensaje. Tres meses después estaba viviendo en China.

Este post es sobre cómo se tomó esa decisión y por qué, en retrospectiva, era la única que tenía sentido.

Pluxer, en breve

Pluxer fue una startup hardtech que fundé en Barcelona en 2019 y vendimos a fines de 2023. Trabajábamos en proyección espacial e interacción humano-máquina: sistemas que convierten cualquier superficie en una interfaz táctil usando visión por computadora y proyección activa. Cuatro años intensos, un equipo de doce personas entre Barcelona, Lisboa y un satélite operativo en Shenzhen, dos rondas, un producto que terminó instalado en aeropuertos y retail.

De Pluxer me llevé cuatro aprendizajes que importaban:

  • Visión por computadora aplicada a problemas físicos reales, no a demos.
  • Hardware deep tech: trabajar con tolerancias mecánicas, no con tolerancias de software.
  • Construir un equipo distribuido entre tres husos horarios sin perder la cabeza.
  • Validar manufactura en China para el ensamblaje del producto: viajes a Shenzhen, auditorías, NPI con fábricas reales.

El último aprendizaje fue el que importó. Los otros tres fueron interesantes. El cuarto me cambió la vida y todavía no lo sabía.

El hilo conductor que no veía

Mientras yo iba y venía de Shenzhen validando proveedores de óptica y sensores para Pluxer, mi hermana Paola llevaba doce años viviendo en Yiwu operando importaciones para clientes de LATAM. Habíamos hablado mil veces. Cenas familiares en Bucaramanga, videollamadas a deshora, viajes que se cruzaban en Shanghái. Pero yo nunca había mirado lo que ella hacía como una empresa. Era "lo que hace Paola". Sourcing, fábricas, contenedores, clientes que la llamaban por WhatsApp a las tres de la mañana.

El exit me dio una cosa que no había tenido en cuatro años: espacio mental. Cuando dejás de pensar en runway, en la próxima ronda, en si la beta funciona, de repente podés mirar el mundo distinto. Y lo primero que vi distinto fue eso: que mi hermana estaba operando, sola y a pulmón, una versión artesanal de la infraestructura cross-border que LATAM necesita y que nadie había construido en serio.

La pregunta correcta

La pregunta que me hice esa noche en el piso de Barcelona no fue "¿qué hago ahora?". Fue una más larga y más útil: ¿qué es lo más interesante que puedo hacer con mi background técnico durante el resto de mi vida profesional?

La respuesta, cuando la dejé respirar, no era otra hardtech. La hardtech la había hecho. Sabía cuánto cuesta, sabía cuánto duele, sabía cuánto tarda. La respuesta era infraestructura. Específicamente: infraestructura cross-border que no existía construida en serio. La cadena China-LATAM movía billones de dólares al año operados por agentes informales, hojas de Excel y confianza personal. Era 2023 y seguía sin tener una capa de software decente encima. Nadie con stack de visión por computadora, hardware, deep tech y operación distribuida estaba mirando ese problema. Mi hermana, sin saberlo, había hecho la mitad del trabajo de validación durante doce años.

Por qué Yiwu y no Shenzhen

Para alguien con mi background, la elección obvia hubiera sido Shenzhen. Es donde había viajado durante Pluxer. Es donde está el ecosistema de hardware, los foundries, los expats tech, la energía de Silicon Valley con descuento. Es lo que conocía.

Pero Shenzhen y Yiwu son dos países distintos disfrazados de una sola China:

  • Shenzhen es hardware tech. Es donde fabricás un drone, un wearable, un sensor LiDAR. Volumen medio, ticket alto, ingeniería de aplicación.
  • Yiwu es small consumer y manufacturing trading. Es donde se fabrica el 80% del producto de consumo terminado que después vende un retailer en LATAM. Volumen masivo, ticket bajo, miles de fábricas pequeñas y medianas, un mercado mayorista físico que ocupa la superficie de un aeropuerto.

Yo conocía Shenzhen. Paola conocía Yiwu. Y B2BOX no se construye desde Shenzhen, se construye desde Yiwu, porque el cliente de B2BOX no quiere fabricar drones, quiere importar producto terminado para vender el lunes. Esa diferencia parece chica desde afuera y es la diferencia entera del negocio.

La conversación con Paola

Volé a Yiwu en enero de 2024. Esa conversación duró cuatro días. No fue una negociación, fue un descubrimiento. Paola tenía toda la operación viva en la cabeza y yo tenía toda la arquitectura de empresa en la mía. Encajaba como dos engranajes que llevaban años girando sin tocarse.

Salimos de esos cuatro días con la estructura que hoy es el grupo B2BOX: tres líneas operando sobre una sola red. App para PyMEs que importan poco volumen y necesitan curaduría. Pro para empresas medianas que importan recurrente y necesitan dedicación. Brands para clientes que quieren marca propia. Una sola infraestructura, tres formas de entrar. Mi rol quedó claro: estrategia, tecnología, expansión. El de Paola también: producto, calidad, fábricas. Lo que ella había hecho sola durante doce años pasaba a ser el motor de una empresa con equipo, sistema y proyección.

La mudanza

Tres meses después de esa conversación, vendí el piso de Barcelona y me mudé a Yiwu.

Tres caras me quedaron grabadas de esa semana. La cara de mi familia, que se debatía entre "qué bien" y "estás loco". La cara de mis colegas tech de Barcelona, que no entendían por qué alguien que acababa de hacer un exit se iba a un lugar que no podían ubicar en el mapa. Y la cara del primer vendedor de WeChat al que le compré una lámpara para el departamento nuevo, que se rió cuando le pregunté el precio en inglés y me contestó en español mejor que el mío.

Esa última cara fue la que más me explicó dónde estaba.

Un año y medio después

Estoy escribiendo esto en mayo de 2026. Pasaron diecisiete meses desde la conversación en Yiwu y el contraste con esa cafetería de Gracia es absurdo:

  • El equipo pasó de Paola sola a una operación con células en Yiwu, Buenos Aires, México DF, Barcelona y Bucaramanga.
  • Las tres líneas (App, Pro, Brands) dejaron de ser una pizarra y son tres P&L con clientes activos.
  • Abrimos México con licencia de importador propia, lo que nos saca de la dependencia de brokers locales.
  • Lanzamos B2BOX Brands, que es la parte que más me parece a Pluxer en términos de complejidad técnica: marca propia, NPI, validación de fábrica, ciclo de producto.
  • Pusimos la calculadora de importación pública, que es la primera pieza de la capa de software encima de la operación.

La operación pasó de "cómo lo hace Paola" a un sistema. Esa es la parte que disfruto más: ver una operación humana convertirse en infraestructura sin perder la sensibilidad humana que la hacía funcionar.

Cierre

El exit de Pluxer me dio plata. Yiwu me dio claridad de qué construir con esa plata. Esas son dos cosas distintas y la segunda vale más que la primera, aunque en el momento parecía al revés.

Si querés leer cómo veo el rol de fundador hoy, pasá por mi página. Si querés entender por qué estructuramos B2BOX como tres líneas y no como una sola, está todo en la página de empresa. Y si lo que querés es conversar con el equipo sobre tu operación concreta, esa conversación es de cinco minutos y se agenda acá.

Gracias por leer hasta el final. La próxima la escribe Paola.

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